Educar para la paz y la no violencia
La violencia no es algo solo propio de los adultos, puesto que se manifiesta desde la infancia. La educación es un factor decisivo para construir una sociedad justa, tolerante y pacífica. Se comienza en la familia y se continúa en la escuela con la colaboración de la familia y de la sociedad, especialmente de los medios de comunicación. La familia pacífica no está libre de conflictos, pero sabe entender el sentido del conflicto y lo maneja con habilidad, porque conoce la forma de convocar la voluntad de todos para que contribuyan a resolver los conflictos de manera civilizada, razonable y constructiva.
Algunas pautas para ayudar a los padres a construir una familia pacífica, en la que se eduquen hijos e hijas responsables, tolerantes y generosos.
Seguridad y respeto
Los niños necesitan sentirse seguros, sabiendo que hay límites claros para la conducta socialmente aceptable, y que no se les permitirá hacerse daño a si mismos o a otros cuando expresan sus sentimientos y necesidades. Al establecer determinados límites para sus hijos, los padres crean un clima saludable y respetuoso para todos los miembros de la familia.
Atención y cuidado de los otros
Aprender a cuidar de los otros desarrolla el interés por hacer del mundo un lugar mejor. No hay que enseñar a los hijos a esperar que el mundo les sirva, sino a estar al servicio del mundo. Los niños que piensan que el mundo esta a su servicio son los que, cuando no se salen con la suya, piensan que el mundo es injusto.
Bienestar
Tratar a los hijos de forma que se sientan dignos de ser amados por lo que son, independientemente de lo que hagan. Crear un ambiente familiar en el que todos se sientan respetados, queridos y seguros. No dar pie a la desconfianza que se refleja en detalles como no tener en cuenta sus opiniones, compararles entre ellos o no respetar su intimidad: espiar sus cosas personales, agendas, mochila o habitación.
Comunicación
La comunicación padres-hijos, mediante el razonamiento y el diálogo que ayude a tener en cuenta los puntos de vista e intereses del otro, es necesaria para la interiorización de las normas y valores que conducen a la modificación del comportamiento de los hijos. Desde la infancia, hay que enseñarles a expresar sus propios puntos de vista y a saber escuchar los de los otros.
Toma de decisiones
Favorecer, desde pequeños, la toma de decisiones y la elección de alternativas en cosas concretas (ropa, comidas, horarios de diversión, de tele y de trabajo, viajes o excursiones de familia, uso del dinero personal, amigos…). La colaboración de los hijos en las tareas de la casa tiene un fuerte sentido educativo, además de descargar el trabajo de los padres.
Resolución de conflictos
Es normal que en la convivencia familiar, como en cualquier tipo de relación social, se produzcan conflictos. Hay que enseñar a los hijos a resolverlos de forma pacífica, recurriendo al diálogo, el análisis de las situaciones, la aceptación de las opiniones de los demás, la discusión tranquila y la tolerancia. La imposición autoritaria de los padres es la peor solución.
Castigos
Con frecuencia los padres administran castigos a sus hijos por sus conductas inadecuadas. Estos castigos suelen ser: palabras ofensivas o humillantes, insultos (“eres más tonto que…” “eres muy torpe”, “siempre lo haces mal”, etc.), encierros en lugares amenazantes o desagradables (lugar oscuro, etc.) o pegarles. Con esto, se consigue, a veces, la desaparición momentánea de la conducta inadecuada, sobre todo si el castigo se administra de forma intensa e inmediatamente después de la conducta. Pero este tipo de castigos tiene serios inconvenientes:
- Puede ocasionar al niño daños físicos y morales. El niño puede sacar la conclusión de que no se le quiere, de que no es hábil y de que es un desastre.
- El niño aprende a castigar a los demás del mismo modo que lo hace el adulto, puesto que éste le proporciona un modelo de castigo. Aprende a agredir, a ser violento.
- El niño tenderá a distanciarse de la persona que le castiga y las relaciones con ella serán poco cordiales.
Actuaciones que fomentan la convivencia pacífica.
- No reforzar las conductas agresivas y elogiar los comportamientos de paz, de calma y de serenidad.
- Eliminar, en la medida de lo posible, privaciones o castigos inútiles, que pueden parecer decisiones arbitrarias.
- Prescindir de todo lo que recuerde agresividad: historia, cuentos, películas, etc.
- Recordar que la disciplina razonada es la más eficaz y la disciplina autoritaria es coacción (se obedece porque se teme).
- Nunca recurrir al castigo físico.
- Reaccionar ante los actos de violencia con razonamientos, planteando alternativas y buscando soluciones pacíficas.
Los padres son modelos para los hijos
Los ejemplos que los niños observan en sus padres y hermanos, familiares y maestros, influyen mucho en lo que ellos hacen, piensan y sienten. Si se quiere ayudar a los hijos de una manera efectiva, los padres tienen que convertirse en modelos adecuados para ellos, “predicando con el ejemplo”.
Santiago Domingo Bugeda
Pedagogo-orientador escolar
LA JUNTA DIRECTIVA
FECAPA Almería
